miércoles, marzo 14, 2012

mi Grace...


Amada Grace:
Esta vez no quería contar una historia, sino decirte en este papel lo que representas en mi vida.
Y sí, sabemos que esto empezó como un juego.Pero días antes de conocerte ya me moría por hacerte el amor. Ya en La Joya, luego del nerviosismo inicial de tenerte ahí, al alcance de la mano, sabía que no sería una aventura. Tras esas conversaciones tirados en una hamaca al borde de la piscina o, masoquistas nosotros, en las sillas a merced de un ejército de mosquitos, comprendí que me estaba enamorando. Dejarte esa noche, luego de la travesía a Camaná, fue difícil. Pues sabía que te dejaba a tiro de tu pasado, a la mano de ese hombre que te tuvo y no supo conquistar tu corazón y eligió, entonces, el camino fácil: comprar cariño.
No te miento al decirte que me moría de miedo al saber que podías flaquear y caer en sus promesas. Tampoco te miento al decirte que para mi ha sido y es muy difícil dejar atrás a una persona con la que estuve por más de ocho años.
Grace, quiero que sepas que estoy dando todo por ti. Y darlo todo pasa por ofrecer lo que me falta, no lo que me sobra. Mi tiempo, mi vida, mis quincenas de profesional, mis chistes bobos, mis tarjetas de cartón, mis viajes en avión y bus, mis cartitas, mis madrugadas en skype, mis sueños, mis sentimientos, mi pasión, mi cariño, mi sensibilidad. Sí, admito que así como soy apasionado también soy sensible y lo que menos quiero es sufrir. Quiero probar contigo que puedo ser feliz y que te puedo hacer la mujer más feliz del mundo con mi amor y sabiendo que estás orgullosa de mi, de este sapo al que antes le decían mapache y que ahora, anda alucinado, preso de un sueño que quiere construir a tu lado, paso a paso y siempre con la verdad por delante y sin hacer daño a nadie.
Hoy quiero confesarte que estoy completamente enamorado de ti. Que aquilato cada uno de tus esfuerzos, que me haces suspirar como un adolescente, que cada vez que te tengo a mi lado los problemas son más pequeños y el camino se afirma.
Prometo ser paciente y serte fiel. Prometo ser tu amor, tu compañero tu cómplice, tu sapito del cuento. Pero un sapito que no se convertirá en príncipe cuando aceptes ser mi pareja, sino que se convertirá sólo en un sapito feliz dispuesto a ser tu protector, tu hombre y tu más ferviente defensor.
Esta noche prometo no prometer más. Esta noche quiero que sepas que me tienes en tus manos y que dejo atrás mi pasado para apostar por tener tu sonrisa a mi lado todas las mañanas que me queden de vida. Esta noche previa al ingreso del 2012 quiero ofrecerte mi corazón y mi vida.
Seguramente no podré ofrecerte una casa grande pero sí un depa lindo y lleno de amor
Seguramente no podré tener (todavía) una camioneta del año, pero sí un carro que será tu carruaje.
Seguramente no podremos viajar a donde otros te muestran boletos de avión, pero sí puedo decirte que al menos una vez al año podremos escaparnos a cualquier lugar de sudamérica. Con la austeridad del caso y el corazón empachado de amor y respeto.
Seguramente no podré ponerte un negocio, pero sí puedo ayudarte a levantarlo juntos, piano piano, de la mano y con la certeza que no habrán prebendas ni echadas en cara.
Seguramente no podré comprarte la ropa más fina cuando quieras, pero te aseguro sorprenderte con esos trapos que tanto te gustan al menos cada tres meses.
Seguramente no podré regalarte un anillo de diamantes, pero sí uno de oro y con una chispa de diamante para que recuerdes como brilla mi corazón cuando escucho tu nombre.
Seguramente no podré hacerte una fiesta de matrimonio como en las revistas, pero sí una fiesta digna, linda, fina y rodeada de gente que no irá a criticar sino a decirte que eres la novia más bonita y feliz del tercer planeta.
Seguramente resultará difícil llenar nuestra casa con lujos de un sólo plumazo, pero los tendremos poco a poco, seguros de que cada objeto representa un esfuerzo y que cada día juntos es una prueba más que no todo en esta vida es dinero y que sí se puede vivir del amor dignamente, como dos profesionales que se juran amor, que seguramente harán locuras y que envejecerán uno al lado del otro.
Contigo, Grace Muñoz Jara, quiero aprender a ser mejor persona, hijo, padre y pareja.

Siempre tuyo,
Martín Vargas

viernes, diciembre 17, 2010

suerte Gus


Hoy me entere por tu face de tu quimera. Hoy te lei y no pude evitar verme a mi mismo cuando construia castillos de vocales y consonantes para evitar una partida. Hoy cliquee en Me Gusta para sumarme a tu idilio. Hoy después de quince años te escribo para decirte que te amo y que este constructor de historias te ofrece su pecho de gato, su fantasia herida, su sensibilidad a prueba de corsarios y gladiadores.

Hoy te confieso que te extraño, que todos los 26 de febrero estuve a tu lado, mientras apagabas velas, le dabas de palazos a una piñata o pedias, en silencio, que tu familia nunca se separara, siempre estuve allì.

Se que le dices papa y no quiero que dejes de decircelo. Se que amas a tu mami y quiero que nunca dejes de hacerlo. Bueno, te cuento que tengo 35, que los cumpli hace poco, que te sigo a travès del face (bendita creación), que se que eres noble, que eres inteligente y que eres, que es lo principal, un buen hijo.

Hoy te quiero decir que algunas noches ronde tus casas (que las has tenido varias) con la esperanza de ver tu sonrisa con diastema, tus ojos de querubìn, tu cuerpo de atleta, tu carita de niño bien.

Nada, quiero decirte que aunque ella se vaya, lucha por esa fantasia que sacude tus sentimientos y hace humedecer tus ojos lindos, como de angelito de catedral. Te quiero y esto es una declaracion pùblica de un sentimiento sin fecha de caducidad.
Te amo!

martes, diciembre 01, 2009

Mi regalo de cumpleaños


Ahorita quisiera estar a su lado, aunque sea viendo, sentados en esa inmensa mil hoja que funge de mueble en su casa, ese comercial que tanto le gusta de Telefónica. Mataría por haberla ido a recoger al trabajo y habernos regresado en micro, como antes que tuviera carro, cuando competíamos como bobos contando ticos blancos o nos burlábamos de los gordos que no entraban en sus asientos y dejaban sus nalgas al garete.

Pero no. Ahora mismo es martes y estoy aquí, viendo solito la propaganda que tanto le gusta (un lunes cualquiera, señor Vallejo, un lunes cualquiera). Sentado en mi cama, cruzando los dedos para que la lap top no se apague antes que acabe este post(la fuente de energía anda jodiendo hace meses), rezando para que ella me extrañe y no me termine de nuevo, mirando el teléfono color hueso a la espera de su voz ronca pero afectiva.

Acabo de borrar unos treinta contactos de trampas y amigas con serias aspiraciones a rucas que tenía en el msn y que agregué cuando estaba sólo, días después que me dijera que ya no sentía lo mismo. Y aunque hemos vuelto y estamos, a veces suelta frases como cuchillos. Ayer nomás, por ejemplo, me dijo que le gustaría que me consiguiera una mujer a mi altura. Mi delito: ventilar mi dignidad y decirle que me llegaba al pincho que aceptara invitaciones a solas con alguien que no soy yo.

Faltan siete días para mi cumpleaños. En menos de una semana cumpliré 34 y aunque me hubiera gustado hacer una fiesta, invitarle tragos a los viejos amigos y bailar con ella, no tengo plata para la comparsa. Total, es un cumpleaños cualquiera señor Varguitas, de un martes cualquiera que está por venir, y de un sujeto cualquiera.

Entonces he decidido que como no me considero un buen padre (mi hija no me llamará para saludarme, lo se)ni un buen hijo (pero igual mamá me preparará ese keke de naranja de todos los 8 de diciembre), y como no me siento amado, ese día cogeré mis chivas, dejaré el celular y me declararé no habido. Pero antes, quiero dejar constancia de lo que me hubiera gustado recibir ese día cualquiera:


Mamá: Que no humille tanto al chino (su actual pareja), que deje de mandarme el desayuno a la cama, y antes de dormir, alguno de estos días, entre a mi cuarto a decirme que me quiere.

Viejo: Saber que estás bien en Trujillo sería suficiente.

Hermanos: Dejar de ser tan mierdas entre nosotros. Vomitar las envidias, ahogar los viejos rencores y darnos cuenta que aún es tiempo para comportarnos como hermanos y decirnos que nos amamos.


Adriana: Mi regalo sería que me des un poco más de paciencia. Que a partir de enero las cosas cambiarán radicalmente chanchosita.


Gustavo: Que me contestes el mensaje en el facebook. Que las historias tienen dos lados y negarse a escuchar una de ellas me condena a no poder abrazarte.


Amigos (pocos, pero los hay): Una batería de cajetillas de Kent 8, un cargador para mi zippo, una camisa que no sea celeste, algún contacto para que mi Celica pase la revisión técnica, un reloj deportivo, unos lentes para playa (no me importa que sean bamba si son lindos)

Marcela: Que no ahuyentes a la mujer que conocí en Trujillo y que asoma cuando estás lejos de tu trabajo. Que vuelvas al colegio y desates mis demonios, que me respetes y me hagas respetar.


Pdta: se que no ha sido un buen post, pero no puedo escribir bien con 3 alprazolam navegando en mi cabeza. No hubo metáforas ni adjetivos demolesdores. Tampoco frases bonitas ni enjambres de ternura. Esta noche no tengo ganas de escribir bien. Esta noche quiero dormirla para no derramar lágrimas y sorprenderme con los ojos abiertos mirando el techo del cuarto, como una lechuza obesa, enjaulada y con grilletes de oropel.

viernes, junio 26, 2009

El Jackson que yo conocí


El primer recuerdo que tengo de Michael Jackson es el video de mamarrachos resucitados que él comandaba con los ojos desorbitados y las greñas sueltas. Thriller (1982) me hizo bailar como un condenado, tijeretear mi traje del Chapulín Colorado, y soplarme un frasquito de aseptil rojo para parecerme a esos zombis que Gerardo Manuel ponía por las tardes en el siete.

Caray, vaya que me costó esfuerzo y sendos Rew, stop, play en el Betamax de mamá, aprenderme su clásico pasito hacia atrás, ese que lo hacía parecer un alma, un negro deliciosamente ingrávido. No como yo, que reflejaba en el espejo la imagen de un hipopótamo tratando de subir por una escalera caracol.

Billie Jean fue el segundo hit que escuché de ese negro sabroso que hace poco nomás formaba parte de los Jakson Five. Era 1982, Perú jugaba en el mundial de España, Chips montaba el horario estelar del 4, y Belaunde seguía creyendo que unos abigeos habían atacado Chuschis.

La verdad es que yo escuchaba a Jakson de contrabando. Lo oía y bailaba en las fiestas de mis hermanos mayores. En esos tonos de luces donde no podía faltar Cindy Lauper, Soda Stereo, Modern Talking y, por supuesto, Michael y su pop desenfadado.

Admito que en esos tiempos mis prioridades eran ver a Parchis, terminar mi álbum de la segunda guerra mundial y conocer a Flipper y Sisi, los famosísimo delfines que enriquecieron a sus dueños, aplaudiendo y haciendo bobadas con una pelota de hule. Jakson fue, entonces, mi primer encuentro con la música de verdad. Fuera de las fichas rojas y los ecos de la Polastri.

Y así empezó un viejo romance que siempre mantuve oculto. Jamás a flor de piel como mis relaciones con U2, Bob Marley, Ramones y Mar de Copas. Tengo que admitir que siempre estuve al tanto de sus nuevos discos (pero nunca me compré uno) y que me la pasaba esperando que sus canciones entraran al ránking de Panamericana (para grabarlas sin las cuñas que ponían al descubierto mi precaria condición financiera). Sin embargo, no sé porqué siempre me costó admitir que era su fan bajo la sombra.

Debe ser en parte por el roche generacional de admitir que este noventero en realidad tenía alma de ochentas, o, quizá, el prejuicio bobo de que no me asociaran con posición andrógina o gay alguna. No lo sé. Pero lo cierto es que me moría por moverme como él, que envidiaba a ese negro que se fue despintando en el camino. Que me valía madre su cara de maniquí con yaya porque su voz seguía intacta.

Y su voz me hacía recordar que el pop no sólo es la basura que canta Cristina Aguilera o Los Sacados. La voz del negro me movía el esqueleto y me hacía volar a esos años en que dejaba de ser niño para pisar con cancha y arrechura la adolescencia. Escuchar a Jackson es recodar al último álbum de figuritas que llené, o recordarla a ella, la primera enamoradita platónica, la petisa linda que me hizo pedalear desde la Villa Militar hasta un barrio en las afueras de Tacna sólo para decirme que ya no me quería. Cosas de la vida.

Lo cierto es que estás muerto mi estimado. Al menos así dicen los tabloides y los señorones que ahora hablan de tu grandeza cuando ayer nomás te crucificaban por tu apetito infantil (nunca probado, nunca aprobado tampoco). Ya no saldrás con tu cara de porcelana y esas gafas de puta que te ponías por tu sensibilidad a la luz. Ya no serás carnada para que los críticos y señorones te saquen la chochoca, y ya no darás pie a las imitaciones burdas del fujimorista (y gay antigay) de Carlos Alvarez.

Lo cierto es que hoy sonarás en mi carro nuevamente. Lo cierto es que, a mis 33, me sigo sorprendiendo ante el espejo tratando que me salga el pinche pasito hacia atrás. Lo cierto es que tú, negro lindo, no has muerto. Tu música te ha salvado.

viernes, mayo 15, 2009

adiós

Este adiós no maquilla un hasta luego,
Este nunca no esconde un ojalá,
Estas cenizas no juegan con fuego,
Este ciego no mira para atrás.

Este notario firma lo que escribo,
Esta letra no la protestaré,
Ahórrate el acuse de recibo...
Estas vísperas son las de después.

A este ruído, tan huérfano de padre,
No voy a permitirle que taladre...
Un corazón podrido de latir.

Este pez ya no muere por tu boca,
Este loco se va con otra loca...
Estos ojos no lloran mas por ti.


video

martes, marzo 17, 2009

Si algo así como el amor está en el aire



Arrellanado en un cuarto que no es el mío. La tenue luz de la laptop alumbra mi cara mustia, inexpresiva, como de policía de tránsito. En la tele un programa español de frases ocultas es un acompañante invasivo. Sospecho que no hago zapping porque la tipa que descubre consonantes y vocales es patilarga, con rostro de ángel y retinas de lucifer. Es una femme fatal vestida como mafalda.

Cuatro para las doce del día. Escucho las olas morirse al frente. Un cementerio de espuma. Y yo aquí, metido en cama con un pucho en la boca y el corazón de luto. Hace lunas que quiero postear pero ando con la inspiración chata y mi cabeza es un bollo de ideas. Una licuadora que taja sentimientos y cercena recuerdos. Play, stop, rew, stop, play.

Me gustaría estar en otro lado. Quizá de su mano, jironeando sin rumbo, pero feliz aunque sé que me quiere poco, o, de repente, infeliz pero húmedo, haciendo cola en un bulín por un mendrugo de amor. Da igual. Me da igual. El panorama es un pudín de frases hechas. Las promesas son frutos que abortan, los besos no llegan, los errores se repiten una y otra vez como esas inmensas olas color caca que humedecen y pedorrean las playas de Maranga.

Supongo que estoy en piloto automático. A la espera de un motivo, de que alguien me de cuerda. La verdad no lo sé. Presumo que me puede pasar cualquier cosa, que ando en ese trance bucólico entre pasado y aurora.

Y la verdad, no exijo mucho. A ver, seré absolutamente sincero. Sólo quiero alguien que me abrace fuerte y me bañe en besos, que gaste medio sol para decirme que me quiere y luego, si quiere, que corte. Quiero que me haga cosquillas hasta mearme los pantalones. Quiero una mujer que comparta mis sueños sin eslabones paternales ni egoísmos oncológicos. Quiero alguien que sea, si quiera, la mitad de romántica y tierna que es Clotilde cuando le dice “roro” a Ramón. Alguien que aquilate las cartas de amor, que no fondee los peluches obesos ni se burle de mis chistes con poca gracia pero mucho esfuerzo.

Que le guste chapotear en la fantasía sin preocuparse por los recibos ni la renta. Que baile como una condenada y se emborrache a mi lado, aunque sea una vez en su vida. Alguien que me ame con locura y que sea capaz de morir por mí. Alguien a quien le aloque el chifita o al menos me lo prepare sin kión.

¿A cambio? Un hombre que promete no suicidarse cuando la melancolía lo apabulle, un gordito tierno y galante que ronca como un león. Mal bailarín y un desastre en los karaokes, pero un amante sin tabúes. Celoso y detalloso (el yin y el yang en la forma más terrenal). Soy de esos que abren las puertas del carro, jalan las sillas, regalan flores, caminan por la izquierda y se vienen después.

No pretendo mucho de la vida, sólo una mujer común que quiera un fulano que mate por ella. Que no se ría cuando yo tambalee y suelte lágrimas, que no me hable como soldado, que me haga piojitos sin muecas y que no coleccione traspiés ni caracoles. Que no tenga miedo a ser novia. Alguien a quien le gusten los girasoles, tenga cabello de chocolate y tenga tiempo para mí… aunque sea sólo unos minutos al día. Amor al destajo que le llaman no quiero. Lo quiero todo o nada.

Que se tome el riesgo y no opte por el camino fácil, que no se derrita con las frases lindas de ganapanes. Que respete mi vocación por ella y recuerde lo que siente por mí. Y ahora, así, me declaro independiente. Con un crespón negro en el brazo. No sé si vuelva, pero si vuelve será con todo. No a medias.

Y si no. Pues me quedará el premio consuelo de no haber cortejado ni haberme dejado ronronear por nadie. De haberlo dado todo sin mirar y apostar a ciegas porque de eso se trata la vida, de poner en pausa el egoísmo y trepar al tren.

Y lloro, admito públicamente que me desangro en un mar salado. Yo no sabía que la primavera duraba un segundo. Yo ya lloré todo un río, ahora que me llore un mar. Yo no quiero un amor civilizado.